Sobre los Shibas
HISTORIA:
El Shiba es una de las razas estandartes del Japón. Sus orígenes muy lejanos en el tiempo y sus grandes cualidades como cazador incansable de gran coraje y una gran fidelidad al hombre, hicieron que los antepasados de nuestros Shibas, fueran muy queridos y perpetuados durante muchos siglos, llegando a ser en nuestros días una raza muy preciada en su país de origen y en otros del resto del mundo.
Hay estudios arqueológicos que revelan que entorno al 5000 antes de Cristo, ya acompañaban a los Jomonjin unos perros que guardaban semejanza con los Shibas en cuanto a estructura y tamaño, estos animales ayudaban a sus dueños en la caza de aves de pequeño tamaño y en alguna ocasión de animales de mayor envergadura como los jabalís. Eran muy queridos y admirados por sus dueños, hasta tal punto que cuando morían, eran enterrados de forma muy cuidadosa y con gran solemnidad.
Durante el paso de los siglos algunas tribus nómadas fueron llegando a Japón y con ellos trajeron sus canes. Estos se entremezclaron con los perros autóctonos y se conoce que entorno al siglo III antes de Cristo, algunas características físicas del Shiba como las orejas erectas o la cola enroscada, ya estaban fijadas genéticamente. Con posterioridad y a pesar de que Japón cerró sus fronteras al extranjero, siguieron llegando distintas razas al país, con la consiguiente desvirtualización de las líneas genéticas existentes. No obstante este desorden, no fue tal en los núcleos rurales y en las montañas, manteniéndose en estos lugares la pureza de la raza. Dependiendo de la zona geográfica, surgieron varios núcleos, cada uno con algunas características diferentes que se han preservado en el tiempo, los más destacados fueron tres: el Sinshu Shiba (prefectura de Nagano), Mino Shiba de Gifu y el Sanin Shiba perteneciente a la zona noroeste del país.
Ya más próximo a nuestra época, concretamente en el año 1862, cuando Japón abrió sus puertas al resto del mundo, hubo una nueva desvirtualización de la raza debido a los cruces con otros perros procedentes de otros países. En 1920 y para evitar la perdida de las razas autóctonas, el gobierno y algunos particulares, decidieron protegerlas. En 1928, el señor Saito (gran aficionado a las razas autóctonas), hizo un estudio por regiones de los perros puros que quedaban y junto al doctor Watanabe (miembro de la Asociación de Preservación de Monumentos Nacionales), fundaron NIPPO que es la asociación por excelencia de preservación de las razas japonesas.
Durante la Segunda Guerra Mundial, nuevamente el Shiba, estuvo al borde de la extinción y gracias a un gran esfuerzo de recuperación, se ha conseguido que hoy en día el Shiba disfrute de una gran popularidad, llegando a juzgarse en cada exposición de NIPPO entorno a los 800 ejemplares cada vez.
EL ESTANDAR:
Perro de talla pequeña, bien equilibrado, buenos huesos y músculos bien desarrollados. De constitución fuerte, rápido de movimientos, encantador, simpático y bonito. La relación de la proporción de altura a la cruz y la longitud del cuerpo es de 10:11. De temperamento fiel, vivaz y muy espabilado. Talla: altura, machos 40 cm., hembras 37 cm. Se tolera 1,5 cm hacia arriba o hacia abajo.
Fuerte, ancha, mejillas bien desarrolladas, stop definido con una ligera arruga (surco). El puente nasal recto y la nariz preferentemente negra, el hocico moderadamente grueso y redondo. Los labios apretados y los dientes fuertes con mordida en tijera.
Ligeramente pequeños, triangulares, el extremo de los ojos hacia arriba y de color marrón oscuro.
Ligeramente pequeñas, triangulares. Ligeramente hacia delante. Puntiagudas.
Grueso, fuerte y bien equilibrado respecto a la cabeza y el cuerpo.
Cuerpo
Recto y fuerte, ijadas anchas y musculosas. Pecho profundo, costillas moderadamente levantadas y vientre bien recogido.
Hacia arriba, grueso y vigorosamente enroscado o curvado como una hoz y cuando lo deja caído rozando casi los corvejones.
Los hombros moderadamente inclinados. Los codos bien apretados y los cuartos delanteros rectos. El fémur largo y de las rodillas al corvejón corto, pero bien desarrollado. Corvejones gruesos y fuertes.
Pie
Los dedos bien apretados, cerrados y arqueados. Las almohadillas duras y elásticas. Las uñas duras y oscuras.
Ligero y vital.
El pelo exterior áspero y recto y el interior suave y denso. El pelo en la cola ligeramente largo.
Rojo, sésamo y Black & Tan (negro y fuego). Todos los colores mencionados deben tener “URAJIRO”.
URAJIRO: Pelo blanquecino a los lados del hocico y en las mejillas, debajo de la mandíbula y cuello, en el pecho y estómago, debajo de la cola y en la parte interna de las patas.
DESCALIFICACIONES: Criptorquídico. Orejas no puntiagudas. Rabo corto y colgando.
FALTAS: Timidez. Machos afeminados y hembras masculinas. Falta de los dientes extremos.
Sobre el estándar son muchos los comentarios que se podrían hacer, no obstante y con el interés de no extenderme demasiado, hay algunos aspectos que para mí son de gran importancia aunque en muchas ocasiones pasan desapercibido. Concretamente uno de los aspectos que más me sorprenden en nuestro país, es que hay un número importante de Shibas con una extrema timidez. Sabemos que esta raza encierra en su carácter un cierto grado de desconfianza ante situaciones extrañas, pero son perros tremendamente valientes y en ningún caso deberían mostrar esa timidez miedosa que en algunas ocasiones vemos. Fundamental también es, sobre todo en el entorno de las exposiciones, que el Urajiro esté bien distribuido como indica el estándar, defectos como el color blanco extendido por encima del codo o las manchas blancas en lugares inapropiados como la espalda, está muy penalizado en otros países, sin poder ser estos perros, calificados como actos para exposiciones aunque si como perros de compañía.
Una correcta formación de la dentadura en cuanto a distribución y número de dientes, es a tener muy en cuenta, debido a que los cruces consanguíneos inciden muy negativamente en ella. En España no son muchas las líneas de sangre disponibles en esta raza y es importante que luchemos por conseguir no caer en el error de sobrecargarlas genéticamente demasiado.
En cuanto al tamaño, decir únicamente que en España podemos ver algunos ejemplares que sobrepasan las medidas del estándar, pero que en ningún caso debemos obsesionarnos con el tamaño pues lo que también sería negativo es el encontrarnos con minishibas, cosa que en alguna ocasión también hemos podido ver en el entorno de nuestras exposiciones. Lo ideal es criar Shibas dentro de las medidas del estándar y así no habrá problemas.
Recordar que un Shiba compacto y proporcionado es importante, pero no olvidemos que la proporción altura:longitud de la raza es de 10:11 y no de 10:10.
Por último y no por ello menos importante, mencionar que en Japón la expresión de la cabeza, está por encima de todo. Una cabeza bien proporcionada con las orejas bien insertadas y los ojos triangulares y ligeramente inclinados hacia arriba, dan esa expresión de dignidad tan apreciada en Japón y que mi querida amiga y apasionada de la raza Chieko Sujiyama no para de recordármelo.
EL CARÁCTER:
Muchos son los propietarios de Shibas que asemejan en algunos aspectos el carácter al de un gato. Ciertamente hay rasgos de su comportamiento que nos pueden recordar a la especie de los felinos, son limpios y pulcros en sus costumbres más básicas, desconfiados con los desconocidos y por el contrario tiernos y cariñosos con sus dueños. Sin embargo el buen conocedor de la raza, se dará cuenta que estamos ante uno de esos perros que todavía conserva su identidad primitiva, típica de las razas poco manipuladas por el hombre. Es un verdadero placer descubrir comportamientos cargados de instintos salvajes que supongo nos pueden recordar a otra especie tan admiradas por el que suscribe como es el lobo. Pero no quiero confundir y asustar al lector y dejar que piense que estamos ante una raza en la que prima más su instinto salvaje que su carácter civilizado. El Shiba ante todo es un señor, su inteligencia suprema, le hace en todo momento ser dueño de su carácter, y así podemos ver un comportamiento completamente adaptado a las necesidades de su propietario. Tan fácil es convivir con él en una ciudad como en un entorno de campo, el Shiba se adapta perfectamente a la vida dentro de un piso, es más no es un perro faldero y pesado, cuando hay que jugar, juega, pero cuando hay que estar serios y pasar desapercibido también podemos contar con él. En el campo, es otra historia, el dinamismo y la resistencia a la fatiga, son sus principales cualidades, es increíble como un perro de pequeño tamaño, es capaz de ser tan ágil e intrépido. Si queremos competir con él, ya nos podemos olvidar, nunca le ganaremos.
El Shiba es un perro muy jerárquico, en su código genético esta muy arraigado el respeto a sus superiores, pero también su espíritu dominante, si puede, él quiere ser el jefe. Esto puede resultar a veces algo complicado y no es difícil encontrarnos con situaciones en las que nuestro Shiba intenta con todo su carácter y fortaleza someter a otros perros que el único error que han cometido, es cruzarse en su camino. Este tipo de comportamiento que podríamos calificar como negativo, no es tan preocupante si seguimos unas premisas básicas de educación, pero esto lo analizaremos más adelante en el apartado dedicado a la educación del Shiba.
Por su dueño, siente pasión y admiración, por eso es muy importante que se sienta querido y respetado. Un Shiba al que su dueño no le dedica tiempo para estar con él, para paseos, juegos..etc., puede resultar toda una tragedia, se sentirá humillado y maltratado y no le verá sentido a la vida. Sin embargo cuando siente la cercanía y el afecto de su propietario, se sentirá completamente rebosante de felicidad y dará todo de su parte, para que descubramos el encanto de ese carácter cargado de fidelidad al hombre que durante tantos siglos ha demostrado en su país de origen.
Para poner fin a este apartado y no hacerlo demasiado extenso y pesado, aunque corro el riesgo de dejarme muchas cosas en el tintero, quiero hacer hincapié en uno de los aspectos más llamativos y curiosos de esta raza, me refiero a su obsesión por la limpieza. Ya en sus primeros días de vida, sin apenas haber abierto los ojos, es curioso observar como los cachorros de Shiba delimitan un espacio para hacer sus necesidades, y siempre utilizan el mismo sitio, alejado de su lugar de descanso. Por eso es muy fácil conseguir que no ensucien una casa, aunque eso sí tenemos que poner de nuestra parte para respetar un horario de salida a la calle, que en el caso del Shiba ha de ser largo para cubrir sus necesidades físicas y síquicas.
En el apartado relacionado al carácter, hacía alusión a esa faceta que tiene el Shiba de querer en todo momento estar por encima de los demás. Esto no es más que una parte esencial de su carácter primitivo. Si nos fijamos en el comportamiento de una manada de lobos, podemos observar que siempre existe una jerarquía entre sus miembros, de tal manera que apreciamos un primero de abordo que suele ser él más fuerte y por detrás el resto de los miembros, bien establecidos jerárquicamente. Está claro que los jefes de la manada son los que menos problemas tienen ya que ante cualquier confrontación, harán imponer su voluntad con el mínimo esfuerzo. Pues bien, quiero establecer una semejanza entre la manada de lobos y nuestra familia, con el fin de que entendamos mejor cual es la premisa fundamental para una buena educación. El Shiba cuando llega al seno de una familia y después de haber pasado los días de adaptación, interpreta que sus dueños, forman una manada. Lógicamente en los primeros meses de vida su único interés es el juego y es precisamente de esta manera, jugando, como conseguiremos sentar las bases jerárquicas dentro de su entorno. Sobra decir que en la edad de cachorro, todo juego conlleva alegría, tanto por parte de nuestro Shiba como por la nuestra, pero también hay momentos, en los que puede haber algún tipo de roce, motivado generalmente por una actitud egoísta ante un juguete o simplemente el mero echo de no permitir que nadie se acerque a su comida. Es en estas situaciones cuando le debemos dejar claro a nuestro cachorro de Shiba que nuestra fortaleza está por encima de su voluntad y una actitud dominante (con una voz fuerte, pronunciando una palabra contundente como “NO”) o un pequeño cachete (por supuesto sin causarle daño), serán suficientes para que él se dé cuenta poco a poco de quien es el jefe de la manada. Si adoptamos esta actitud desde un principio, nunca tendremos problemas con el comportamiento de nuestro Shiba, nos respetará y admirará como el mejor de nuestros amigos.
Otra de las actitudes del Shiba que más guerra da a sus propietarios, es el paseo sin cadena. De sobra es conocido por todos que en nuestras ciudades está prohibido llevar a nuestros perros sueltos, no solo por respetar un orden cívico sino por evitar a nuestro querido amigo el que tenga un accidente, pero no son pocas las ocasiones en las que nos gusta salir a pasear al campo, y que mejor momento para ver disfrutar a nuestro Shiba de la libertad y de un entorno agradable y óptimo para jugar y hacer ejercicio. Pues bien en estos casos no debemos olvidarnos de sus orígenes, ya hemos dicho que su función era la de ayudar al hombre en la caza y por esto tiene un gran instinto para investigar y buscar que con frecuencia le traiciona y no le deja atender a la llamada de su dueño. Esto puede traer consecuencia desagradable y nos puede acarrear disgustos como el que nuestro amigo se pierda sin que podamos hacer nada para evitarlo. Es por ello que antes de soltar a nuestro Shiba en el campo debemos estar muy seguro de que obedece a nuestra llamada y si no es así, es mejor que utilicemos una correa larga para así tenerlo controlado en todo momento. La edad más crítica para este tipo de comportamientos es entre los 4 meses y los 2 años, pasada esta edad nuestro Shiba habrá alcanzado su madurez y si hemos sabido inculcarle bien una educación adaptada a nuestras necesidades, podremos disfrutar de su grata compañía en la que descubriremos numerosas facetas cargadas de ternura y de un equilibrio que roza la perfección en cualquier tipo de situación, incluso cuando salgamos a disfrutar con él de largos paseos por el campo.
Por último quiero recordar a toda aquella persona que sea o quiera ser propietario de un Shiba que en nuestro país existen ya varios criadores de esta fabulosa raza y que seguro que estarán encantados de ayudar u orientar al propietario novel para conseguir esa buena educación de la que hago referencia.
Así como en el resto de Europa el Shiba es una raza conocida desde los años setenta, en España no disfrutamos del primer ejemplar hasta el año 1989. Desde entonces y hasta nuestros días la raza ha pasado por varias facetas pero en ningún caso ha llegado a tener índices de popularidad muy elevados. Esto es algo que sorprende enormemente, ya que como hemos explicado es una raza de compañía muy apreciada en su país de origen y en otros occidentales como Suecia, Noruega, Dinamarca o el mismo Estados Unidos. Se ve que en España todavía no hemos sabido apreciar sus grandes cualidades aunque espero y confío que esto cambie poco a poco para así compartir con más aficionados experiencias de este singular amigo del hombre.
Hoy en día habrá unos 8 o 10 criadores profesionales en nuestro país más un número sin definir de particulares que crían Shibas en España. No faltan en las exposiciones más importantes ejemplares de Shibas aunque no en el número que nos gustaría a los amantes de la raza. A estos últimos queremos trasmitirles nuestro ánimo desde estas páginas para que sigan firmes en su empeño y consigamos entre todos dar a conocer en nuestro país estos maravillosos perros que con seguridad y gracias a su gran dignidad colmarán con creces las expectativas del propietario más exigente.